NOTICIAS

Ernesto Quezada: Un legado en expansión

julio 17, 2026

Este domingo 19 de julio se cumplen diez años del fallecimiento del concertista, profesor y gran difusor de la guitarra clásica. A una década de su partida, sus enseñanzas se mantienen vigentes a través del trabajo de la Fundación Guitarra Viva.

El martes 19 de julio del año 2016 falleció Ernesto Quezada Bouey. Tenía 71 años y la mayor parte de ellos los había dedicado a la música y a sus tres instrumentos predilectos: la guitarra, el laúd y la vihuela. Su formación la inició en la Universidad de Chile y la continuó en Basilea (Suiza), adonde viajó para especializarse en la connotada Schola Cantorum, con el laudista Hopkinson Smith. De retorno en Chile, sobresalió de inmediato en una doble faceta: como intérprete y profesor.

En la primera, se transformó en un activo promotor del repertorio del Renacimiento y el Barroco. Ofreció múltiples conciertos en Chile y el extranjero y en el año 1978 fue uno de los creadores de Syntagma Musicum, grupo que dos años más tarde se integró como elenco estable a la Universidad de Santiago de Chile (Usach). Hasta hoy, ese ensamble se mantiene como un pilar en la escena local de música antigua y lo mantiene en su memoria: a comienzos de este año rebautizaron su sala de ensayo en homenaje a quien fuera uno de sus fundadores. Como docente, fue responsable del auge que la guitarra ha vivido en el país durante las últimas décadas. Entre sus casi 30 alumnos en la Universidad de Chile, la mayoría se mantienen activos como concertistas, profesores y gestores.

A diez años de su partida, su legado se ha expandido gracias a la Fundación Guitarra Viva Ernesto Quezada, fundada en el año 2017 por su familia, que hasta hoy conforma su directorio. Desde entonces, la entidad despliega sus actividades en diversos ámbitos. Cada año ofrece una nutrida temporada de conciertos en distintas regiones de Chile, que en 2026 sumó la creación de la Camerata UAI-FGV, gestionada junto a la Universidad Adolfo Ibáñez. Además, tiene un fuerte énfasis en la formación, con un programa de becas, clases magistrales y la Academia de Música Antigua, recién inaugurada en conjunto con la Usach. 

“Siempre se le ve como un gran profesor, pero también era un gran intérprete. Era un ser humano complejo, con distintas facetas que comprender”, retrata Nicolás Emilfork, director artístico de la fundación, quien se formó como guitarrista bajo la guía de Ernesto Quezada. “Como profesor, se caracterizaba por su exigencia y el nivel de disciplina que pedía. Siempre te hacía sentir el sacrificio que significaba ser exitoso. Era muy explícito y pedía dedicación casi exclusiva. Es algo que ahora puede ser difícil de entender, pero todos sus alumnos teníamos un convencimiento de que ese era el camino correcto. Él también lo transmitía a través de sus actitudes”.

Emilfork recuerda que esos sacrificios tenían sus recompensas. Ernesto Quezada no solo estaba presente en la sala de clases, sino que también apoyaba a sus estudiantes con recomendaciones, oportunidades de trabajo, consejos y costumbres que el paso del tiempo ha vuelto excepcionales: “Por ejemplo, traducía y transcribía, a máquina y después en el computador, las entrevistas de revistas como Les Cahiers de la Guitare y de Guitar Magazine, para que las leyeran los alumnos. Quería que se instruyeran en todo”, rememora. “Se caracterizaba por su dedicación y también por la generosidad que mostraba con todo el mundo”.

Syntagma Musicum.

Syntagma Musicum.

Los pasos siguientes

La excelencia de la enseñanza de Ernesto Quezada tiene una prueba en la gran cantidad de premios internacionales que han recibido sus antiguos estudiantes. Incluso existe un detallado listado con un completo registro que abarca casi tres décadas de reconocimientos a guitarristas como Luis Orlandini, Carlos Pérez, Romilio Orellana, José Antonio Escobar, Luis Guevara y Emmanuel Sowicz, entre muchos otros.

Más llamativa, sin embargo, puede ser la proyección que sus alumnos tuvieron a lo largo del tiempo. Diez años después de su muerte, todos mantienen carreras como concertistas, gestores o profesores en la Universidad de Chile, la Universidad Católica y otras instituciones educativas. “Creo que ese ha sido su mayor éxito, más que los concursos, que siempre son efímeros”, dice Nicolás Emilfork. “Por eso a la fundación le interesa construir espacios laborales para los músicos, creando temporadas de conciertos y ciclos de música de cámara, para que la guitarra sea conocida. Es súper importante también que los guitarristas entiendan eso, que lo importante es cómo se juega esto en el largo plazo”.

El director artístico profundiza en uno de los focos principales del trabajo que realiza la fundación: “Nos toca mantener el legado del profesor Quezada y eso implica que la guitarra sea sostenible. Abrir la fundación hacia otros guitarristas y alumnos de otros guitarristas. También abrirse hacia la colaboración con otros instrumentos e instituciones, para visibilizar a la guitarra y entender que no está sola. En gran medida, eso explica las apuestas del último año. La creación de la Camerata UAI-FGV va a incidir a nivel de conciertos. La vinculación con música de cámara hará que otros instrumentos se fijen en la guitarra. La necesidad de tener profesores internacionales que muestren a los alumnos adónde pueden llegar. Es decir, el profesor Quezada es el motor inicial, pero la fundación tiene que tomar decisiones que van más allá de su figura para mantener su propio legado”, detalla. 

En sus casi diez años de funcionamiento, la Fundación Guitarra Viva ha visto cómo algunas de esas acciones se consolidan. La Semana Internacional de la Guitarra, por ejemplo, va por su quinta edición en el Teatro del Lago de Frutillar y cada año convoca a unos 1.200 espectadores. El ciclo Cuerdas Magistrales, iniciado el año pasado en Las Condes, reúne cerca de 1.500 personas en sus diez fechas. Incluso la serie de house concerts, enfocada en conciertos para cantidades limitadas de público, agota inscripciones y suma unas 350 personas anuales. “Son buenas cifras para un instrumento que relativamente es de pequeño impacto”, asegura.

“Podríamos habernos quedado haciendo clases magistrales y nos hubiéramos convertido en una especie de academia o extensión de la enseñanza del profesor Quezada, pero su legado era más profundo: ver cómo la guitarra clásica se hace querible y necesaria para que la gente quiera escucharla y estudiarla. Para eso tienes que hacer varios proyectos a la vez. Becar gente, darles la posibilidad de estudiar, buscarles futuro laboral y conversar con teatros que acojan la guitarra. Entonces nuestra labor sobrepasa lo que hacía el profesor Quezada, que fue muy inteligente. Vio esta necesidad y pensó que no lo iba a hacer en vida, por eso dejó encomendada la creación de una fundación que pudiera dar el siguiente paso de su legado”, concluye Nicolás Emilfork.

Rodrigo Alarcón L. – 18/07/2026