NOTICIAS

Manuel Macías: Un guitarrista chileno en Weimar

julio 21, 2026

Establecido hace casi tres años en Alemania, el intérprete está de visita en Chile para actuar como solista en el próximo programa de la Camerata UAI-FGV, con la cual interpretará el Concierto para guitarra del compositor francés Antoine de Lhoyer. En esta entrevista, habla sobre su experiencia en el extranjero y cómo lo marcó su trabajo con la Fundación Guitarra Viva.

Foto: Petra Poláčková.

La antigua ciudad de Weimar, en el centro de Alemania, ha sido hogar de algunos nombres mayores para la cultura europea. Johann Sebastian Bach permaneció ahí por casi una década y Franz Liszt se estableció durante trece años, en los que escribió algunas de sus principales obras. No solo fueron músicos: también es la ciudad de Goethe y Schiller, la que vio morir a Nietzsche y el lugar donde floreció la Bauhaus. Hace casi tres años, a esa misma ciudad llegó a vivir Manuel Macías.

Nacido en Coquimbo en 1995, Macías es uno de los guitarristas jóvenes de mayor proyección. Se formó en Teoría de la Música y como intérprete en la Universidad de Chile, bajo la guía de Luis Orlandini, y luego inició una carrera que le permitió ganar numerosos premios y actuar -como solista y junto a ensambles y orquestas- en ciudades como Santiago, Copiapó, La Serena, Villarrica y Frutillar.

A mediados del año 2023, viajó a Weimar para ingresar al Máster en Interpretación de la Hochschule für Musik Franz Liszt, donde estudió con dos reputados guitarristas: Thomas Müller-Pering y Petra Poláčková, con quien luego continuó especializándose en el programa de Konzertexamen de la misma institución.

De visita en Chile, está participando en una serie de actividades de la Fundación Guitarra Viva Ernesto Quezada, que contemplan clases magistrales y dos conciertos: el sábado 18 de julio actuó con la soprano Pilar Garrido, y el jueves 23 con la nueva Camerata UAI-FGV. Bajo la dirección de Christian Lorca, ese día interpretará el Concierto para guitarra del compositor francés Antoine de Lhoyer. “Siempre es interesante tocar con un conjunto nuevo, especialmente uno que nace con la guitarra como elemento principal de su programación”, ha dicho sobre ese programa.

“Es algo bastante poco habitual. Los guitarristas ya tenemos dificultades para integrarnos a festivales de música de cámara, porque es un instrumento que siempre queda un poco aparte. Tenemos nuestros propios festivales, pero nunca estamos tan involucrados con el resto de los instrumentos, entonces que esta camerata colabore con distintos guitarristas es una instancia súper buena que aparece en la escena nacional y me siento muy afortunado también de formar parte”, profundiza.

En esta entrevista, Manuel Macías relata cómo ha sido su formación en Weimar y cómo lo marcó la experiencia de haber trabajado en la Fundación Guitarra Viva.

Foto: Adolfo Flores.

¿Qué te entregó la experiencia de hacer un máster en Weimar?

En el mundo de la música clásica se habla de forma natural sobre estudiar en el extranjero, se ve como un objetivo claro, pero la verdad es que a uno nunca le dicen mucho el porqué. Creo que uno tiene que reflexionarlo antes de hacerlo, para no solo repetir un modelo. Yo tuve una formación bastante buena en Chile, con muy buenos profesores no solo en guitarra, sino que también en otras disciplinas alrededor de la música, pero la sed de conocer qué hay un poco más allá me llevó a estudiar en el extranjero, por la perspectiva que podía otorgarme.

Me fui buscando nuevas visiones sobre cómo entender la música. En Chile se me empezaba a hacer un poco repetitivo, porque después de tantos años los parámetros son muy familiares. No solo por los profesores o la institución, sino que también por la gente con la que te rodeas, afuera te das cuenta de muchas historias y tipos de estudio distintos, entonces el abanico de posibilidades es mucho más amplio.

En tu caso, fuiste gracias a una beca de la Fundación Guitarra Viva, ¿no?

Irse con una beca es una tremenda ayuda. Sin la beca de la fundación no podría haberme ido a estudiar en ese momento, no solo por la parte logística de moverse a otro país, sino por los gastos que eso conlleva. La fundación fue una enorme ayuda para solventar esos gastos y quise aprovecharlo lo más posible durante esos dos años que duraba mi máster.

¿Por qué Weimar?

En mi caso, por el profesor que había en ese momento. Yo estaba viendo mucho a Thomas Müller-Pering y me llamó la atención la tremenda variedad de sus alumnos, que es incomparable. Son muchos guitarristas con visiones artísticas diferentes y pude corroborar que es un profesor que ayuda a muchas personas a entender de forma muy distinta la música. Te empuja a la autoexploración para construir tu propia visión.

Luego, fue una coincidencia muy afortunada que Thomas Müller-Pering se estaba jubilando y quien ganó su plaza fue Petra Poláčková, de República Checa, que fue una de las primeras invitadas a la Semana Internacional de la Guitarra en Frutillar. Tuve la oportunidad de conocerla y quedé maravillado con su forma de hacer clases y de ver la música, entonces cuando finalmente obtuvo la posición, estaba feliz. Por eso decidí postular al Konzertexamen, para seguir estudiando con ella.

¿En qué consiste este segundo programa?

Es un programa que existe en Alemania. Son dos años más de estudio para buscar un perfeccionamiento artístico de nivel súper alto, entonces el proceso de selección es muy exigente. A diferencia del máster, donde hay otras asignaturas, acá estoy enfocado solo en la guitarra, entonces requiere una claridad personal sobre lo que quieres perseguir. Ya no es alguien que te está enseñando y corrigiendo, sino que se trata de tu propia reflexión sobre cómo abordar la música.

Con Petra es genial porque tenemos mucha discusión. El tipo de clases que se produce tiene más que ver con un intercambio y con la experiencia de ella, que tiene una visión muy actual de la escena guitarrística y musical. Eso se complementa con la experiencia y la trayectoria que tenía mi otro profesor, entonces veo el estudio en el Konzertexamen como una consolidación de las reflexiones que he tenido a lo largo de los estudios.

¿Cómo comenzaste a vincularte con la Fundación Guitarra Viva?

Fue algo bien particular. Cuando yo estaba estudiando, las cátedras eran más cerradas que ahora y había un cierto hermetismo, del que se ha hablado otras veces. Por esa razón, viniendo de un profesor como Luis Orlandini, al principio yo veía la fundación como algo un poco ajeno, pero participaba de sus conciertos como público y también de las clases magistrales. En alguno de esos momentos conocí a Nicolás Emilfork, su director artístico, y ya a finales del año 2020 él me propuso trabajar como asistente. Yo entré no solo porque se me presentó la oportunidad, sino que también estaba muy de acuerdo con la línea que se estaba siguiendo. O sea, la formación y el abrir la guitarra, sacando esta idea de que la fundación trabajaba solo con gente que había estado vinculada con el profesor Quezada.

¿Cuáles fueron tus funciones?

Hacía de todo un poco. A veces conversábamos con Nicolás sobre los invitados. No para decidirlo, sino como un diálogo para ir nutriendo las posibilidades de programación. También trabajaba en la parte logística y técnica de organizar las clases, coordinar las inscripciones, recibir a los artistas, ayudarles. Eso se amplió con la Semana Internacional de la Guitarra en Frutillar, programando clases y haciendo coincidir los horarios de los artistas, los estudiantes, los conciertos de extensión, etc. O sea, progresivamente tuve más responsabilidades y fue maravilloso, porque aprendí muchísimo en esos dos o tres años.

Ahora que la observas con mayor distancia, ¿cuánto ha cambiado la fundación desde entonces?

El cambio es muy grande y positivo. Uno de los que más me llama la atención es la apertura para que la guitarra se inserte en un mundo musical más amplio, la música de cámara. Desde la primera edición en Frutillar había programas con conjuntos de cámara y la creación de la Camerata UAI-FGV responde también a esa búsqueda, para tener a la guitarra ya no solo como el instrumento solista por excelencia en el que todos estudiamos solos, sino ver las posibilidades que existen integrándola a conjuntos más grandes.

¿Has visto algo similar en Alemania, cómo lo comparas?

Creo que allá está la misma dificultad, siempre es un tema. Por ejemplo, es difícil que un cuarteto de cuerdas se fije en una guitarra porque tienen un montón de repertorio que les puede resultar más atractivo, entonces es la misma problemática. También pasa que allá hay festivales y quienes participan son solo guitarristas de distintos niveles: estudiantes, amateur, público general, pero sigue siendo un nicho. Han sido escasas las ocasiones en que he podido ver que la guitarra se vincule con otros instrumentos y ha sido de forma más bien casual. Por eso, impulsar esto a nivel local está súper bien y tengo grandes esperanzas para ese proyecto.

Rodrigo Alarcón López – 20/07/2026